martes, febrero 06, 2018

Nada te dará escribir un poema

De los poetas jaliscienses contemporáneos, cuelgo aquí este poema de Ramiro Aguirre (Arandas, Jalisco -1960).

Nada te dará escribir un poema

A ningún lugar llegarás.
No hay Ítaca. No hay camino.
Habrás de inventar el tuyo.

No alivias el aburrimiento de los días,
ni conquistas la estima de los otros,
ni el amor, ni el pan.

El mundo no cambia, y nadie defiende tus versos.
No ahuyentas el cansancio de tus hombros machacados
ni entiendes el lenguaje de las olas;
los pájaros no cantan para ti
porque hubieses escrito un poema.

No evitas tu muerte.
La poesía no hace nada por ti ni por los tuyos.
Nunca retribución obtendrás: abismos.
Te señalarán: “ese malparido escribe poemas”.

Cuando estés en medio de la noche
solo con tu alma
y sientas tu respiración al ritmo del universo
entenderás lo único que la poesía puede darte.

poesía a mano alzada










jueves, agosto 17, 2017

lunes, julio 03, 2017

miércoles, junio 14, 2017

A veces querría poder volar

*Guardo aquí este texto que me escribieron en la fecha de mi cumpleaños...

Hay una mujer en alguna calle de México
ciudadana del mundo como es
más teórica que práctica
más práctica que pragmática
más bonita que paciente
pero lo suficientemente paciente
como para darte los más dulces
rodillazos en los huevos
que te hayan dado jamás
Hay una mujer en un rincón de mis ideas
decorando mi casa
llevándome el café
escribiéndome una de esas cosas que llaman poemas
mientras oye la lluvia caer
Yo la quiero para mí
pero no siempre tienes lo que quieres
le dejo que me haga una mueca
mientras se va
la dejo que me pique con su veneno
de muerte lenta
la dejo para que no me deje más.


Colombia, Junio 2016.


Coffee

miércoles, enero 18, 2017

Miércoles

Desperté mucho antes que el sol. Sacudí la cabeza y me senté un rato en la cama. Lo que soñé me tenía desconcertada. No podía reaccionar. Luego respiré hondo, cerré los ojos y de nuevo lo vi. Ahí, en medio de una bruma psicodélica de colores que bailaban con brillos electrizantes estaba su mirada. Unos ojos que penetraban en los míos y escapaban por mi nuca como dos balas disparadas a muy corta distancia. 

Luego me vi en un campo de girasoles. No sé si aún soñaba.

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